jueves, 3 de noviembre de 2011

La televisión, ¿ángel o demonio?




La televisión se ha convertido en una de las mayores influencias para niños y adolescentes en el siglo XX y en todo lo que llevamos del XXI. Muchos padres se preocupan por lo que puedan ver sus hijos, puesto que los contenidos televisivos, en muchas ocasiones, van en dirección opuesta a lo que se intenta transmitir en colegios e institutos. Esto supone un verdadero handicap para toda la comunidad educativa, ya que, de algún modo, desorienta y confunde a escolares, padres y profesores. En gran medida, la televisión forma  a los niños en actitudes, habilidades y valores éticos y morales. Esto ha de ser vigiliado muy de cerca para que los niños no absorban aspectos indeseables de lo que ven en la pequeña pantalla.
En muchas ocasiones la televisión ejerce la función de una auténtica niñera. Esto puede ser peligroso si los padres no acompañana a sus hijos cuando ven ciertos espacios televisivos. Como muchas otras cosas, la televisión en sí no es ni mala ni buena, todo depende del uso que se haga de ella. Si un niño, o adolescente, está demasiado tiempo expuesto a ella, puede influir negativamente en él: sobrepeso, pasividad, menor tiempo dedicado a la lectura o malos resultados académicos son algunas de las indeseables consecuencias.
En según qué programas, es muy habitual observar  violencia,  estereotipos de raza y sexo, abuso de drogas y alcohol y una profunda falta de respeto hacia algunas personas. Los niños son muy impresionables, no teniendo todavía un criterio propio sólido y firme. Es por esto que los padres son fundamentales: han de estar con sus retoños a la hora del visionado de ciertos programas. Obviamente no habrá que estar siempre al lado de éstos, pues hay ciertos espacios en la televisión que son adecuados a los escolares y que pueden ser vistos  sin ningún problema por los propios niños.
Si nos centramos en la publicidad, muchos anuncios contienen información ambigua, errónea o engañosa. Habrá que estar muy atentos y explicarles las cosas muy claras a los niños.
Los padres tendrán que elegir los programas apropiados para el nivel de desarrollo del niño y, en algunos casos, estar con sus vástagos cuando vean ciertos espacios.
Sería importante poner límites a la cantidad de tiempo de visionado de la televisión: algunos maestros, pedagogos o psicólogos dirán 1 hora, otros 2 e incluso más. En cualquier caso, ver la televisión más de 2 ó 3 horas al día no es aconsejable para los escolares. También habrá que apagar la televisión, o cambiar de canal, cuando haya programas que no sean apropiados para los pequeños (evitar siempre los que muestren violencia explícita; las telenovelas, informativos o dramas pueden causar sufrimientos innecesarios a los niños). Es fundamental estimular discusiones con los hijos sobre lo que están viendo mientras padres e hijos miran algunos  programas. Asimismo, potenciaremos en el niño que practique algún deporte y que esté con amigos de su misma edad. Se evitará ver dibujos animados que enseñen personajes sufriendo: el niño se puede angustiar al identificarse con el personaje. A los más pequeños (los adolescentes ya lo sabrán) hay que hacerles saber que los personajes en las películas son desempeñados por actores y no por personas reales.
En el mundo televisivo nos podemos encontrar de todo, aspectos positivos y negativos, aunque últimamente destaquen más los últimos que los primeros. Es por esto que se hace imprescindible el que nuestros niños y adolescentes vean programas adecuados a su nivel cognitivo-evolutivo, para no embrutecer su intelecto y preservar su capacidad crítica.

1 comentario:

  1. Hoy en día la tele es un verdadero peligro para los niños.

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