miércoles, 3 de febrero de 2016

En qué quedamos, ¿deberes sí o deberes no?


<p>Preguntar por los deberes es preferible que ayudar al menor a hacerlos. / <a href="https://www.flickr.com/photos/wwworks/4195916777 " target="_blank">Woodley Wonderworks</a></p>


  Teniendo en cuenta que España es el estado con más horas lectivas de Europa, muchos se preguntan qué necesidad hay de agobiar a los alumnos por las tardes con un montón de ejercicios, trabajos y resúmenes.

  Distintas asociaciones de padres de alumnos opinan que hay que poner deberes, puesto que se crean en el niño hábitos de esfuerzo, disciplina, superación y autocontrol. Otras organizaciones creen todo lo contrario: piensan que el tiempo que los colegiales permanecen en la escuela es más que suficiente como para que estos asimilen bien los diferentes conocimientos y materias.

  Varios estudios realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), indican que el poner muchos deberes no hace que los escolares vayan necesariamente mejor en lo académico. 

  En general, pienso que en la educación primaria se han de poner deberes, sí, pero de vez en cuando, no diariamente: como mucho dos o tres días a la semana. Las horas que los críos permanecen en las aulas son, en principio, más que suficientes para aprender adecuadamente. Pero, yendo a lo particular, es cierto que hay alumnos a los que les hace falta profundizar y reforzar ciertas áreas; en estos casos, quizás sea necesario mandar algunas tareas con frecuencia. Y, por supuesto, no olvidemos que también existen alumnos con altas capacidades cognitivas, y necesitan ser atendidos correctamente.

  La clave de todo está en realizar individualizaciones. Todos los niños son diferentes, cada uno tiene sus propias características. Así pues, tendremos que poner tareas en función de lo que pueda necesitar cada chaval o chavala.


  

Algunas alternativas a los deberes.

  En mi opinión, los deberes en la educación primaria deberían centrarse en trabajar aspectos prácticos de la vida del niño. No se tendría que teorizar tanto; quizás no haya que obligar a hacer interminables divisiones, raíces cuadradas, análisis sintácticos... Las tareas siempre han de ser significativas para el crío y, sobre todo, útiles. 

  Ya en casa, después de las horas que los niños y niñas han pasado en la escuela, podemos hablar, en relación con la asignatura de Lengua, sobre diferentes cuestiones con nuestros hijos: cómo ha ido el día, qué ha ocurrido en clase; elaborar una lista para ir al supermercado, escribir correctamente un correo electrónico o wasap... En Matemáticas, se pueden trabajar, por ejemplo, aspectos relacionados con la gastronomía y la cocina: cuando preparamos una comida determinada (gramos, kilos), cuando hablamos de deportes (marcadores, medidas de las diferente canchas), cuando caminamos por nuestro pueblo o ciudad (distancias: metros, kilómetros). Y con otras áreas se puede hacer lo mismo: Ciencias Sociales (cuando se escuchan  -o se leen- las noticias en la televisión, radio o redes sociales, se pueden comentar o analizar dichas noticias de una manera lúdica), Música (cuando salgan a colación o se escuchen distintos grupos de pop-rock, orquestas sinfónicas, bandas sonoras de películas o música publicitaria, se puede hablar sobre esos músicos o las características de las músicas escuchadas), Inglés (poner de vez en cuando series, películas o programas en su versión original inglesa), etc. Obviamente todo esto se ha de hacer de un modo natural, no forzado.

  En realidad, lo que hace falta es una renovación profunda de la escuela y, por ende, también en el tema de los deberes. Ahora, los niños están rodeados de una cultura totalmente audiovisual, y todavía no se ha hecho esa gran reforma, necesaria, para que los centros educativos conecten de verdad con niños y niñas. La escuela de hoy en día se ha quedado anclada en el siglo XX.

  Los chavales, por las tardes, han de jugar, ser niños; en definitiva, han de tener infancia.



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