miércoles, 9 de mayo de 2012

Cómo matar la creatividad infantil.















 A continuación, copio un extracto de “El espíritu creativo” de D. Goleman (el de la llamada inteligencia emocional).

  “En la vida, las presiones psicológicas que inhiben la creatividad de los niños no tardan en manifestarse. La mayor parte de los niños en edad preescolar, así como los que cursan primero de primaria, aman ir al colegio, se entusiasman con la idea de explorar y aprender. Pero cuando llegan a tercero o cuarto, a muchos de ellos ir al colegio ya no les gusta, y no encuentran ya ningún placer en su propia creatividad.
La doctora Amabile, con sus investigaciones, ha identificado los principales enemigos (sic: killer) de la creatividad:

Vigilancia. Significa actuar sobre los niños haciéndoles sentir que están permanentemente observados mientras trabajan. Cuando un niño está bajo constante observación, el impulso creativo –la capacidad de aventurarse en algo nuevo- se esconde bajo tierra.

Valoración. Significa infundir una excesiva preocupación sobre el juicio de los demás. Los niños deberían preocuparse principalmente por estar satisfechos del resultado alcanzado, y no concentrarse en el modo en el que son valorados por los otros, o en lo que pensarán de ellos sus compañeros.

Recompensas. Este error consiste en el excesivo uso de premios, como estrellas doradas, dinero o juguetes. Si se hace un uso excesivo de las recompensas, éstas privan al niño del placer intrínseco en la actividad creativa.

Competición. Significa poner a los niños en una situación sin vía de escape, en la cual o se gana o se pierde, y en la que sólo una persona puede llegar a la cima. En lugar de esto, debería dejarse al niño seguir su propio ritmo (aunque, no obstante, pueden ejercerse competiciones sanas que alimenten el espíritu de grupo).

Excesivo control. Consiste en decir a los niños cómo deben hacer exactamente los deberes, cómo deben ayudar en casa e incluso cómo deben jugar. Padres y profesores a menudo confunden el deber de instruir con esta especie de microgestión. Esto induce a los niños a creer que cada originalidad es un error y que cada exploración una pérdida de tiempo.

Limitar las opciones. Significa decir a los niños qué actividades deberían emprender, en lugar de dejarles que vayan solos donde les lleven la curiosidad y la pasión. Sería mucho mejor dejar que el alumno elija aquello que le interesa, y después apoyarle mientras sigue sus inclinaciones.

Presión. Consiste en crear expectativas grandiosas en torno a la prestación de un niño. Por ejemplo, cualquier forma de instrucción forzada –aquella que empuja a bebés apenas capaces de mantenerse en pie a aprender el alfabeto o las matemáticas mucho antes de que estas materias les interesen-, puede fracasar con facilidad, terminando por provocar en el pequeño una verdadera aversión por la materia así impuesta.
Uno de los enemigos de la creatividad más comunes es algo mucho más sutil, tan profundamente arraigado en nuestra cultura que apenas lo notamos: se trata del tiempo.

  Si la motivación intrínseca en un factor clave de la creatividad infantil, el elemento crucial para cultivarla es el tiempo: un tiempo ilimitado, suficiente para que el niño saboree y explore una determinada actividad o materia particular haciéndola propia. Quizá uno de los peores crímenes que los adultos cometen contra la creatividad infantil consiste en privarlos de este tiempo.
(……….)”

  Obviamente, tampoco hace falta ir a la escuela para matar la creatividad. A menudo son los padres, familiares o cuidadores más cercanos los que se empeñan en dirigir las actividades  de los niños constantemente. 


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