El origen de la educación pública tiene
sus raíces en los primeros años del desarrollo de los estados liberales tras la
superación de la etapa histórica del conocido como Antiguo Régimen. La nueva
clase emergente, es decir, la burguesía, comprendió que necesitaba un vehículo
de transmisión de su ideología renovadora, basándose en el “derecho” como base
de esa nueva sociedad. La escuela resultaba un medio ideal para transmitir los
valores de la propiedad privada, la jerarquía, la necesidad de someterse a una
autoridad…
Sectores sociales
pertenecientes a la clase trabajadora no recibieron ni siquiera las nociones
básicas de la enseñanza universal, dándose una fuerte falta de alfabetización en los
distintos países europeos. Surgen entonces distintas iniciativas dentro del
movimiento obrero con el objetivo de llevar a la juventud el conocimiento, el
saber, la ciencia y los valores de la solidaridad, el apoyo mutuo, la capacidad
crítica…, siempre con el objetivo de formar personas libres y con inquietudes
sociales, capaces de cambiar el injusto sistema que les relegaba a
meras máquinas de producir.
Papel muy importante en esta labor tuvieron algunos sectores del movimiento obrero a través de la fundación de las escuelas racionalistas, donde se formaba tanto a jóvenes como a adultos. Son también de gran relevancia las aportaciones en el campo de la pedagogía de importantes teóricos como Ricardo Mella y Ferrer i Guardia, entre otros.
No es hasta el desarrollo de la denominada “sociedad del bienestar” cuando la enseñanza se universaliza realmente y llega a prácticamente toda la población de las sociedades desarrolladas. Este proceso puede explicarse por dos causas fundamentales: la necesidad de una clase trabajadora más formada técnicamente para las nuevas tecnologías aplicadas en el campo de la producción y como transmisión de los valores del consumismo, la competitividad y el individualismo, aparte de los valores “clásicos” mencionados anteriormente.
Papel muy importante en esta labor tuvieron algunos sectores del movimiento obrero a través de la fundación de las escuelas racionalistas, donde se formaba tanto a jóvenes como a adultos. Son también de gran relevancia las aportaciones en el campo de la pedagogía de importantes teóricos como Ricardo Mella y Ferrer i Guardia, entre otros.
No es hasta el desarrollo de la denominada “sociedad del bienestar” cuando la enseñanza se universaliza realmente y llega a prácticamente toda la población de las sociedades desarrolladas. Este proceso puede explicarse por dos causas fundamentales: la necesidad de una clase trabajadora más formada técnicamente para las nuevas tecnologías aplicadas en el campo de la producción y como transmisión de los valores del consumismo, la competitividad y el individualismo, aparte de los valores “clásicos” mencionados anteriormente.
Actualmente, la labor de la escuela (en
todas sus etapas y en todas sus formas, tanto pública como privada) sigue
ejerciendo un rol social de transmisión de los valores del sistema. Por un lado
encontramos los sesgados conocimientos que
persiguen el objetivo de transmitir a los estudiantes la visión “oficial” de
la clase preponderante y los valores económicos de ésta. A su vez,
encontramos que el vigente modelo educativo no estimula el aprendizaje de seres
humanos libres y con capacidad crítica, sino que se enfoca hacia la
memorización y el modelo de los exámenes, que lejos de buscar transmitir
conocimiento hace de los estudiantes meras máquinas de memorizar que encajen
dentro de un modelo de prueba, despreciando todo aquello que no sea “materia
evaluable”.
A su vez, se refuerza el autoritarismo,
utilizando a los docentes como figura a la que obedecer y no cuestionar por el
hecho de ser “superiores”. El principio de autoridad, es decir, la falsa creencia
que defiende la necesidad de tutela y gobierno de las personas por parte de
otros seres supuestamente superiores en el campo físico o intelectual se
transmite a través de la figura del profesor de primaria, secundaria, universitario... De igual modo, mediante el viejo
conocido “estimulo-respuesta” aplicado a través del premio y castigo se
deshumaniza la función pedagógica, utilizando los estímulos del miedo o el
egoísmo para adiestrar a niños y jóvenes.
No podemos obviar cómo el sistema de
enseñanza sirve como preparación de una masa obediente de mano de obra
que, aparte de recibir la pertinente formación técnica, esté a su vez
acostumbrada a la rutina y al aburrimiento propio del trabajo asalariado.
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